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EN EL OÍDO DEL BATERISTA | RAZONAMIENTO RÍTMICO
de Estados Unidos, México implementó recortes de tasas a un
ritmo más acelerado. Cabe destacar que la tasa de política
monetaria máxima de 11.25%, mantenida entre marzo de 2023
y marzo de 2024, reflejó una postura monetaria altamente
restrictiva. Esto otorgó al banco central una mayor confianza
para ejecutar reducciones de tasas en 2024 y 2025, llevando la
tasa de referencia a su nivel actual de 7.50%. En esencia, Banxico
tuvo mayor margen de maniobra para prepararse ante una
posible desaceleración económica. Seguimos considerando
que el enfoque del banco central se desplazará hacia las
dinámicas económicas previstas para 2026, bajo el supuesto de
que la inflación se mantenga dentro del rango objetivo de 3%
± 1% y se eviten sorpresas al alza como las observadas en años
anteriores.
El aparente cambio de tono del FOMC hacia una postura más
moderada refuerza las perspectivas de recortes continuos en
las tasas de México. De cara a 2026, una cuestión clave para los
participantes del mercado será determinar si existe un margen
limitado y moderado para mayor relajación, o si las expectativas
están desalineadas con lo que podría ser una segunda fase
de reducciones consecutivas de tasas, lo que potencialmente
reavivaría la demanda por bonos a tasa fija.
Si bien la política monetaria parece haber alcanzado un nivel
óptimo, los desafíos fiscales de México persisten. La proyección
del gobierno del déficit presupuestario de 4.3% del PIB sigue
siendo elevado en comparación con el promedio histórico de la
última década (~2.5%), reflejando desequilibrios estructurales
persistentes. A pesar de los supuestos optimistas del gobierno
en el Presupuesto Federal 2026, las preocupaciones de los
inversionistas sobre la credibilidad de estas estimaciones
permanecen. La consolidación fiscal parece cada vez más
difícil, especialmente ante la ausencia de reformas tributarias
relevantes, el aumento de las presiones de gasto social y
el limitado crecimiento económico. La interacción entre la
política monetaria y la política fiscal será crítica para definir la
estabilidad macroeconómica y la confianza de los inversionistas
de cara a 2026.
Fig. 3: Presupuesto Federal de México
2026: Pronósticos Económicos
Indicador
Esperado
Último
2024
2025
2026
PIB interanual
0.36%
(0.5% - 1.5%)
(1.8% - 2.8%)
IPC general interanual
4.21%
3.80%
3.00%
6.00%
Tasa de política monetaria
10.00%
7.25%
Tasa real implícita
5.56%
3.32%
2.91%
Deuda pública
51.40%
52.30%
52.30%
Balance presupuestario público
-5.70%
-4.30%
-4.10%
Source: Agencia Federal Mexicana, Scotia Wealth Management
Si bien la inflación sigue siendo una variable clave, la trayectoria
actual sugiere una normalización cautelosa pero consistente de
la política monetaria, orientada a respaldar la demanda interna
sin comprometer la estabilidad de precios. Los inversionistas
deben vigilar de cerca la dinámica inflacionaria y las señales
de política de la Reserva Federal, ya que siguen siendo
determinantes para el ritmo y alcance de los futuros ajustes.
En el frente comercial, durante 2025 Estados Unidos
implementó aumentos de aranceles hacia diversos socios
globales. México ha evitado en gran medida cambios
significativos, pero comienzan a observarse signos iniciales
de ajuste con la renegociación del T-MEC (Tratado entre
México, Estados Unidos y Canadá). Estos desarrollos
podrían reconfigurar las dinámicas comerciales e introducir
incertidumbre para las exportaciones mexicanas, convirtiendo
a la política comercial en un factor clave a seguir dentro de la
perspectiva macroeconómica y de renta fija del país.
Desde nuestra perspectiva, persiste el apetito por valores
de corto y mediano plazo, ya que los bonos continúan
funcionando como una clase de activo diversificadora que
ofrece rendimientos atractivos, especialmente al considerar
la dinámica de las tasas de interés reales. Además, vale la
pena destacar los niveles récord alcanzados por el mercado
accionario mexicano, con el índice IPC superando los 61,000
puntos, lo que otorga un valor relativo considerable a los
instrumentos de renta fija mexicanos como Mbonos, Udibonos
y Cetes.
A pesar de ser un mercado más pequeño, los bonos
corporativos mexicanos también han desempeñado un papel
relevante en la diversificación de portafolios durante 2025,
y se espera que esta tendencia continúe hacia 2026.
En un entorno de tasas de interés más bajas, la deuda
corporativa podría ganar protagonismo y atraer mayor
demanda de inversionistas. Sin embargo, si las expectativas
de un crecimiento económico más lento se materializan
junto con un aumento en la relación deuda/PIB de 49.2%
a 52.3% en 2026, los emisores con perfiles crediticios más
sólidos estarán mejor posicionados para ejecutar estrategias
de refinanciamiento efectivas. Las emisiones relacionadas con
infraestructura podrían ser particularmente relevantes, ya que
la cartera de proyectos gubernamentales incluye iniciativas
vinculadas con infraestructura energética o incluso la Copa
Mundial de la FIFA 2026 y la expansión urbana en regiones clave
como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.
Dada la persistencia de los riesgos macroeconómicos en
Estados Unidos, una asignación táctica de activos hacia
mercados emergentes (EM) sigue representando una posición
estratégica dentro de los portafolios diversificados de renta
fija. En la deuda en moneda local de mercados emergentes,
la depreciación global del dólar estadounidense ha otorgado
cierto margen de maniobra a los bancos centrales. El
fortalecimiento de las monedas locales ha ayudado a aliviar
las presiones inflacionarias importadas, brindando a las
autoridades mayor espacio para continuar con los ciclos de
relajamiento monetario. Esta dinámica cambiaria añade una
capa importante a la perspectiva regional, especialmente a
medida que la inflación continúa moderándose y las tasas de
interés reales se mantienen relativamente elevadas en varias
economías.
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